miércoles, 12 de septiembre de 2012

Who's your Peter Pan?

Supongo, que a veces, no estamos contentos. Que no estamos satisfechos con la realidad, vaya. Que queremos desaparecer. Que por una razón o por otra, sabemos que derramar lágrimas es lo único que nos apetece. Suele pasar, cuando la realidad cae como un jarrón de agua fría sobre nuestra espalda.
Que... bueno, en fin. No hace falta mencionar, ese deseo que ansiamos fervientemente, al quedar en ridículo. Al pronunciar alguna palabra, sin saber que daño podrían causar al salir de tu boca. 
Cuando estás desesperado/a. Cuando tienes preguntas, pero no consigues respuestas.
Cuando tus sueños perecen en una jaula de barrotes,  exponiéndose al efecto devastador del paso del tiempo.
Cuando amas sin ser correspondido.
"When you lose something you can't replace" Coldplay (Cuando pierdes algo que no puede reemplazar).
En cualquiera de esos momentos. De esas circunstancias. Piensas: "¿Cómo he llegado hasta aquí?" Repasas cualquier minucioso error.
Pero eso ya no importa. Las dudas dan paso, al sentimiento de culpa, de vergüenza. A la tristeza. A la ya nombrada desesperación. La frustración. La resignación. La decepción.

Pero, si creías que ahí acababa todo, te equivocabas. Esos sentimientos, como un río, desemboca en el mar de la Rabia. Te enfadas, con el mundo. "¿Por qué no sale nada bien?

¿Por qué a mí?" Y cuántos, deseamos en estos momentos escabullirnos. Desaparecer. Huir de la fría y desagradable realidad, vaya.

Y cuántos, deseamos alzar la cabeza al cielo, y encontrarla allí, a ella. Esa que ha protagonizado tantas historias. La segunda estrella a la derecha. Poder volar, todo recto hasta al amanecer. Oír el tintineo de una campanilla, y asociarla a un buen presagio.


¿Qué es infantil? Sí. ¿Pero no eramos más felices en aquellos inocente e ingenuos años? Cuando, nuestra mayor aspiración era volar. Visitar a los niños perdidos. Conoce en persona a nuestro héroe, a Peter Pan.  Tener aventuras, luchando con un capitán manco, que se defiende con un garfio. Y que, cuando  ya cansados de aventuras, volásemos en un barco pirata para finalmente descasar sentados en la agujas del Big Ben.


Y en un abrir y cerrar de ojos, aquellos años se esfuman, se esconden, en un jardín que hay en nuestra mente. En un jardín con muchas flores y que resiste al paso del tiempo. Que pasa desapercibido, pero que sabemos que está ahí. No le prestamos atención, porque total, tenemos cosas más importantes en las que pensar. Que Peter Pan espere. Que Campanilla le haga compañía, pero que me deje en paz, porque ahora mismo estoy ocupado/a. No tengo tiempo para tonterías.

Y Peter Pan, enfrascado en su niñez, insiste en que le prestemos atención. Que no nos olvidemos de él.  "¡Eh, sigo aquí!". 

Y así, mostramos cuan ciegos y sordos podemos estar. Mas, tarde o temprano, acabamos sucumbiendo al destino. Es cuando de repente, miramos al rededor y vemos que estamos en distintas situaciones complicadas. ¿Es que hace falta nombrarlas otra vez? No sabemos qué hacer. El alma se nos cae a los pies. Estamos en un callejón sin salida, o eso nos parece. Tan angustiados estamos, que no escuchamos el tintineo de una campanilla en nuestra mente.


El jardín floreado, se encuentra expectante. Todos guardan silencio. Los niños perdidos, los piratas, Campanilla... Hasta Peter Pan, que te mira con unos ojos que muestran diferentes sensaciones. El abandono, tras largos años en aquel jardín, la traición, por haber crecido, y por último una profunda compasión. Peter, que no es rencoroso se levanta, tras saber que estás desesperado/a y te lanza un apoyo, que te reconforta. Empiezas a ver las cosas con más claridad. Ves la salida.


Porque aunque no lo creas, Peter Pan, te tiende una mano. Cuando quieras puedes ir con él hasta el País de nunca Jamás.


En un lugar se oyen unas campanillas.


Segunda estrella a la derecha, todo recto hasta al amanecer.









Who's your Peter Pan?

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