viernes, 30 de mayo de 2014

Just breathe.

Para ella, eso de que el amor está en el aire, no era una metáfora. Ella lo creía fervientemente. 


Por eso, cuando lo oyó respirar la primera vez que se conocieron, contuvo el aliento durante tanto tiempo, que parecían segundos. Casi se ahoga. 
Y cuando él empezó a reír, a ella casi le dio un ataque al corazón, porque se quedó maravillada al escuchar el aire que se escapaba de entre sus cuerdas vocales y transportaba ese sonido tan dulce. Juró no haber oído nunca algo tan bonito. Se prometió que en algún futuro, le haría estallar en carcajadas cada día. Y cumplió.
Se volvió adicta a su oxígeno y al viento que revolvía su cabello. Adoraba los suspiros entrecortados entre beso y beso. Para ellos, el amor había dejado de estar en el aire para instalarse en los pulmones y se manifestaba en cada inspiración a contratiempo. Fabricaban tormentas y por los aniversarios se regalaban huracanes.

Se amaban respirándose y lo harían hasta el último aliento.

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