domingo, 18 de mayo de 2014

Muérdago.

Loki nunca fue un niño querido. En realidad, el no había hecho nada, simplemente había nacido con la mala fortuna de ser bastardo. Sin embargo, notaba como la gente a su alrededor le miraba con pena, con compasión. Todos excepto su padre, que no le solía dedicar mirada alguna y cuando lo hacía, estaba cargada de desprecio. La madre de Loki era lo contrario al resto de las personas. Era la única que le trataba con el más absoluto cariño y le amaba de forma incondicional. Para Loki, su madre era el único ser sobre la faz de esa joven tierra por la que de verdad merecía la pena vivir. Por eso, nunca la criticó ni la pidió explicaciones sobre el paradero de su verdadero padre. 
Aún con todo, Loki ansiaba el aprecio de su padrastro. Intentaba imitarle en todo lo que podía y en hacerse lo suficientemente honorable como para merecer su respeto y su orgullo. Loki no veía que sus esfuerzos eran inútiles y que su padre no soportaba ver como ese desconocido que no compartía su sangre, se hacía llamar su hijo y ensuciaba el nombre de su casa. El padre de Loki sabía que la culpa era de su esposa y se lo reprochaba continuamente. Incontables veces eran las que le gritaba y la pegaba llevado por la furia. 
Loki no soportaba que nadie tocara a su madre, que era el único ser que amaba y por ello, un día no aguantó más y se revolvió contra su padrastro, defendiéndola. Él, iracundo, le pregunto: "¿cómo osas volverte contra la mano que te da de comer y te ha acogido durante tantos años? Desagradecido, no quiero que vuelvas a entrar a mi casa ni que te sigas haciendo llamar mi hijo." 
Así, Loki se tuvo que marchar dejando con todo el dolor de su corazón a su madre.

Odín, que según cuentan las leyendas, lo ve todo allá en el cielo, se apiadó de Loki, así que bajó  a la tierra y le ayudó. Loki sabía que había perdido a la única persona que de verdad le amaría y había sufrido en sus carnes el desprecio de los hombres, por lo que nunca llegó a confiar plenamente en Odín. Se volvió esquivo, callado, y acumulaba una gran cantidad de rabia y dolor en su interior. Su presencia se volvía cada día más y más oscura y todo a su alrededor parecía ensombrecerse. Odín quería ayudarle, así que en más de una ocasión lo llevó consigo  al Asgard donde conoció a muchos dioses del Æsir , y entre otros a Frigg. 

El amor que sintió Loki por Frigg fue casi instantáneo. Frigg era la diosa más hermosa aunque muchos decían que rivalizaba con Freyja. Sin embargo, Loki nunca tuvo dudas al respecto cuál era más bella. Frigg era una diosa amable, con una gracia natural que se manifestaba en su forma de hablar, comportarse y hasta incluso de respirar. Era buena con todos, pero además, miraba lo que la rodeaba con infinita ternura, incluso a Loki. Loki pensaba que se iba a volver loco de amor. Pasaba los días y las noches divagado sobre el color de su pelo y sobre el enigma de sus ojos, esos ojos que devolvían luz y hacían más bello lo que veían. Soñaba con su sonrisa y sus diferentes modalidades, memorizaba sus poros y enumeraba sus lunares. Loki adoraba a Frigg como su amor antes que como su diosa.

Cuando supo que Frigg era la esposa de Odín, todo el dolor que había ido acumulando desde que su padre le desterró, estalló. Comprendió que el amor era un sentimiento despreciable y la esperanza, aún más. Se juró así mismo que nunca querría a nadie tanto como a su madre o a Frigg porque sabía que lo único que conseguiría sería herirse más y más y si eso pasaba, las heridas nunca cerrarían. Y él, quería cicatrices. A partir de ese momento, decidió acabar con todo buen sentimiento que habitara en el mundo para que la gente conociera su pesar, su rabia, su furia y su tristeza.

Odín, no podía consentir que aquel que había sido su amigo y que se había convertido en un monstruo, continuara en el Asgard. Así que lo desterró como una vez hizo su padrastro. Loki se ocultó en las sombras mientras su odio acrecentaba cada vez más con el paso de los años y cualquier rastro de humanidad que quedara en él, iba desapareciendo.

Tiempo después, Frigg dio a luz a un niño al que llamaron Baldr. Frigg, que amaba a todas las cosas, quería con aun más intensidad si cabe, a su hijo. Por ello, queriéndolo proteger de cualquier mal, hizo prometer y jurar a todo ser viviente de la tierra que nunca jamás haría daño a su pequeño. 
Loki estaba enfermo de celos, porque veía en Baldr todo lo que no pudo tener. Baldr era adorado por todos, poseía unos padres que le querían y, para colmo contaba con una madre que siempre estaría con él. Así que Loki inició una búsqueda para hallar algo que pudiera herir al vástago de Odín, que tanto le ofendía. Buscó y buscó, pero como no encontraba nada, decidió preguntar a la propia Frigg. Para ello, se disfrazó de anciana. Cuando Loki volvió a ver a Frigg, sintió cómo algo en su pecho se estremecía y supo que aún la seguía amando lo que le enfureció aún más. Así, más resuelto a seguir con su plan, insistió a Frigg para que le dijera qué podía herir a su hijo. Frigg no consideraba a esa pobre anciana como una amenaza, así que le contó que, en un acto de ingenuidad, consideró que el muérdago, al ser tan pequeño e inofensivo, no necesitaría realizar el juramento. Por lo tanto, solo esta mínima planta podría hacer vulnerable a su pequeño.

Se celebraban fiestas en honor a Baldr y se creó un juego que consistía en lanzarle cosas porque ninguna le hacía daño. Aprovechando una de estas fiestas, Loki creó una flecha con una punta de muérdago y encandiló a Höðr, el hermano ciego de Baldr; para que le disparara. Esto causó la muerte del niño y sumió al mundo en un crudo invierno, el primero de la historia. Su madre desesperada por recuperarle, habló con la hija de Loki, Hela, para que le devolviera a su hijo de entre los muertos. Hela le dijo que lo haría en el caso de que todas las personas, animales y plantas lloraran su muerte. Dado que Baldr era muy querido, todo el mundo lloró. Todos, excepto una anciana giganta (que se cuenta que era Loki disfrazado) que se negó a hacerlo alegando que Baldr no había hecho nada por ella. Así, el joven dios pereció para siempre sumiendo en la tristeza a todas las cosas, tal y como había anhelado Loki.

                                                                   *******************
Otra versión de esta historia dice, que cuando Baldr fue herido, su madre oró día y noche para su recuperación. El amor y la voluntad de Frigg consiguieron salvarlo y ella, para que no volviera a ocurrir, hizo que todas las personas que pasaran por debajo del muérdago tuvieran que darse un beso. Así, se recordaría el daño que pudo haber causado Loki y cómo el amor había vencido. 


Loki, entre las sombras, llora en silencio. Piensa en la sonrisa de Frigg y enumera sus lunares.




(Basado en el mito del muérdago y en la mitología nórdica recogida en el Gesta Danorum)





No hay comentarios:

Publicar un comentario