jueves, 8 de mayo de 2014

"Porque tú nunca serás mía, y por eso te tendré para siempre" Paulo Coelho.

¿Qué es lo que tiene lo inalcanzable para que sea tan atractivo? ¿Por qué nos enamoramos de imposibles? Porque de algún modo nos pertenecen.

Ansiamos ideas, perfecciones, ilusiones... que están prácticamente al alcance de nuestros dedos, pero sabemos que nos tendremos que contentar con rozarlos. Y lo queremos así. Vivimos de eso, de esperanzas, de futuros muy poco probables pero muy deseados. Nos alimentamos de imaginaciones, de mirar por la ventana y organizar la vida que nunca podremos tener. Nos gusta lo etéreo, lo subreal, lo intangible. Somos depredadores de nieblas y de rayos de luz. Luchamos por fantasmas y espectros de algo que falsamente creemos que nos completará.

Nos afanamos en la búsqueda de la felicidad sin darnos cuenta que la propia búsqueda nos hace felices. Pensamos que lo que deseamos son estrellas lejanas pero lo que de verdad nos gusta es poder decir: '¿Ves esa de allí, la que brilla tanto? Es mía, y algún día la tendré en mis manos.' Pero cuando tocas tu estrella, cuando la tienes tan cerca que puedes olerla, deja de ser tuya.

La felicidad es una ilusión, y por eso, es nuestra mientras no lo sea.

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