domingo, 18 de mayo de 2014

Él tenía una fortaleza.

Era de cristal y cambiaba de color, dependiendo de la luz y del ángulo en que lo miraras. Era un castillo precioso, brillante, magnífico. Pero cuando ella llegó, bombardeó con sus miradas, lo volteó todo del revés con sus carcajadas y ardió en mil fuegos artificiales. Su fortaleza de cristal se fundió. Apenas quedó algo. Y comprendió que las ruinas también son preciosas.

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