martes, 17 de junio de 2014

Acrofobia.

Él tenía miedo a las alturas. Desde siempre. Odiaba el vértigo y el nudo en la garganta que se le formaba cuando miraba al vacío. La sensación de que se quedaba sin aire, de que era su propio fin... no lo soportaba. Cuando la conoció, no solo tuvo todos esos síntomas, si no que además, los sufrió de golpe que era de la peor manera en la que se puede conocer el amor (o al menos para él). 
Se le revolvía el estómago cuando el viento revolvía el cabello de ella y lo hacía ondear como una bandera. Solo de pensar lo que se debe sentir al estar colgado desde el extremo de un asta a merced del viento... Era incapaz de mirar sus caderas sin imaginarse montañas tan elevadas como los sueños mismos, con curvas imposibles e inabarcables para su mente de acrófobo. Pasear la vista por sus largas piernas le sumía en un sudor frío porque evocaba acantilados rectos y lisos incapaces de ser escalados. Y mirarla a los ojos... Si alguien le hubiera preguntado de qué color era su mirada habría respondido que: "del color del vacío" porque era con lo que lo asociaba. Cuando ella le miraba, él tenía que fijar su vista en otro sitio y aún así notaba como si la muerte misma le estuviera observando. Sabía que enamorase de ella sería su perdición.
Y cansado de sentir miedo, de huir de su cuerpo y de marearse con su mirada, tomó una decisión radical.
Y optó por saltar al vacío de sus ojos y dejarse abrazar por el abismo.

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