viernes, 25 de julio de 2014

A sky full of stars.

El mundo es injusto. Y lo digo yo, a quien la suerte siempre le ha sonreído. Pero qué quieres que le haga, soy muy sensible. No sé, no me parece justo que haya tanta gente que no te pueda ver, por ejemplo. Sí, ya se que no es un gran ejemplo, pero eso no lo hace menos cierto. Quiero decir, puede que haya injusticias más importantes por el mundo, pero es que yo te veo a ti y no sé, no puedo evitar pensar en todas esas personas ciegas que no saben lo que se pierden. Y te tengo que dar las gracias, porque desde que te conocí, ya ando con la cabeza bien alta. No me quiero perder ninguno de tus destellos.

Y es que, desde ese momento, tengo como mi propio cielo particular.  Un cielo lleno de estrellas, cada una de ellas más luminosa que la anterior. Y las más pequeñas son las que más me llaman la atención porque son tan lejanas y tan distantes... Verás, cada vez que te veo me siento más y más insignificante. Posiblemente, tú nunca habrás experimentado esa sensación, pero yo ya estoy tan acostumbrada a ella, que se me adapta como una segunda piel. Me recorren escalofríos al saber que yo en realidad no soy nada. Que si saltara demasiado alto y me fundiera en tu cielo, nadie me vería desde la tierra, porque apenas ocuparía el espacio de un alfiler. 

Te confieso que a veces tengo miedo. Sí, porque sé que llegará un día en el que te darás cuenta de quién eres y de quién soy yo y comprenderás que has perdido el tiempo conmigo, y que te mereces a otros astronautas mucho más importantes, preparados y valientes que yo. Pero por ahora, y a pesar de mis inseguridades, te puedo afirmar que soy feliz al poder decir que tengo mi propio cielo y que ese cielo eres tú, y que no sé muy bien cómo van las metáforas, pero si suenan tan bien será porque estás llena de ellas. Es mirarte y perderme en un bucle infinito de preguntas y conclusiones cada cual más absurda. No tener ni idea de porqué estoy aquí, ni contigo y tener ganas de llorar, porque sé que tú, cielo, nunca acabas mientras que yo, soy un ser finito. 

Y me jode que la única persona que te vea tal y como eres, con esa capacidad de hipnotizar a cualquier persona desde la distancia y aún siendo miope, sea yo. Me parece injusto para ti y para el mundo, porque a pesar de merecerte a cualquier otro, sé que no te van a valorar tanto como yo. Y todo esto porque no saben mirar. Se fijan en lo más superficial y no saben admirarte en tus noches claras, ni en las lluviosas. Se pierden cada una de tus estrellas fugaces y todas las formas de la luna y de tus lunares. Es una verdadera pena que no lleguen a sentir lo que es estar envuelto en oscuridad y a la vez saber que hay luz. 

Por eso, si algún día encuentras a alguien que de verdad te merezca, solo te pido que me dediques un pensamiento ínfimo y que me recuerdes por un instante como el loco aquel con alma de astrónomo que le entregó su corazón a un cielo lleno de estrellas.



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