viernes, 4 de julio de 2014

Life is easy with eyes closed.

<<¿Qué coño pasa?>> piensa adormilada, la dulce y gentil princesa. Alguien le está zarandeando y le dice que se despierte. La princesa gruñe y se revuelve; no quiere hacerlo, pero tanto movimiento la está empezando a hartar. Se decide por hacer algo que no ha hecho en mucho tiempo: abre los ojos.


Lo primero que ve es a un hombre. Bueno, quizá llamarlo hombre está de más, porque es tan bello y con unos rasgos tan delicados que parece una muchachita. No lleva barba y huele a rosas. La princesa comprende que es él quien le ha despertado.

—¡Bendito sea el señor! Por fin despertásteis, mi señora. —tiene una voz muy dulce y algo aguda—. ¡He venido a rescataros y a llevaros a vuestro reino!

—¿Y quién os ha pedido hacerlo? ¿No sabéis acaso que es de mala educación entrar sin permiso en los aposentos de una dama y despertarla tan bruscamente?— exclama la princesa, de mal humor. No le gusta madrugar—. A propósito, ¿quién sois vos?

—Mi nombre es Felipe Bleu, del reino de la Nube Negra, el primero de su nombre, heredero del Rey Hurberto, dotado de la Espada de la Virtud y el Escudo de la Verdad y apodado el Príncipe Azul.

A partir de 'mi nombre', la princesa ha dejado de escuchar.

—Ya, ya, pero ¿qué hacéis aquí?

—Como ya he dicho, vengo a llevaros a vuestro reino. Bueno, nuestro reino.

—¿Nuestro?

—Veréis mi señora, desde que estuve presente en la celebración de vuestro nacimiento, he estado enamorado de vos. Yo apenas tenía siete años y vos no érais más que una niña recién nacida, pero a partir de ahí mi mente solo pensaba en vos y mi oídos solo escuchaban vuestro nombre en el viento. Siempre supe que algún día estaríamos juntos. Sin embargo—hace una pausa dramática—, cuando caísteis bajo el hechizo de Maléfica, vuestro padre prometió vuestra mano a quien os salvara. No podía quedarme de brazos cruzados mientras vos érais prisionera, y con la promesa de una vida juntos, partí en pos de vos.

La cabeza de la princesa está a punto de estallar. <<Sospecho que éste ama más la riqueza de mi padre que mi persona; aunque claro, si fuera yo un hombre las cosas serían bien distintas.>> piensa.

—Yo no era prisionera de nadie. Le dije a Maléfica que quería dormir y le hice prometer que nadie me despertaría.

El príncipe se queda anonadado.

—¿Cómo? Todos pensábamos...

—No, no pensásteis. Mi señor, os agradezco el esfuerzo realizado, pero no requiero de salvación alguna. Podéis marcharos. 

—¡Pero os amo! —dice desesperado el príncipe, que además de tener más pluma que un faisán, es un poco tonto—. Una mujer tan hermosa como vos no puede malgastar su vida durmiendo.

—Primero, mi señor, no me amáis. Dejad de mentiros y buscad a un buen mozo que soporte vuestros ademanes y aspavientos. Segundo, ésta es la vida que he elegido yo. Vivir es más fácil con los ojos cerrados. Hay demasiada miseria en el mundo y la vida es tan injusta... Prefiero soñar.

—Eso no es vida —dice fríamente el príncipe, que al parecer le ha herido en su orgullo —, pero haced lo que os plazca.

Antes de que se marche, la princesa le pide un favor:

—Decidle a Maléfica que no quiero que me despierten.

—La he matado.

—Lo que faltaba. —la princesa se recuesta en la cama con un gruñido. No está de humor para príncipes azules encantadores y menos a esas horas de la mañana.




                                                                                              Ya está haciendo zetas.

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