martes, 6 de enero de 2015

Vamos a dejar de añorar cosas, de tener remordimientos y de autocompadecernos.
Vamos a pensar menos y sentir más.
Vamos a ser fechas y no días.
Ser más el disfrute de la nota, que la tensión de la cuerda.
Aguantar menos y quejarnos más.

Vamos a perder lo que nunca vamos a querer encontrar.
A sonreír más y fingir menos.
Vamos a gritar por cada silencio forzado.
Vamos a quedarnos con el lobo, que nos ve, nos oye (y nos entiende) mejor.
Porque vamos a ser animales.

Vamos a huir a junglas y bosques y no dejaremos huellas. 
Vamos a cantar, a reír y a llorar por cada recuerdo.
Bailaremos como el agua entre los dedos 
marcando nuestro propio ritmo 
y no ninguno impuesto.

Vamos a correr y a volar,
y dejaremos a Newton en tierra,
con el resto de preocupaciones.
Vamos a vestirnos de tristeza solo para reírnos de ella,
vamos a robar al tiempo la vida que nos falta
y vamos a ponernos delante del destino
y vamos a decirle, que no tiene nada qué hacer.
Que hace tiempo que no cumplimos normas
y que nos importa un carajo lo que tenga planeado para nosotros.

Vamos a deshojar la nostalgia pétalo a pétalo
siempre con la certeza de que me quiero.
Escalaremos montañas solo por la vista 
y nos dejaremos caer en el vacío
para cerciorarnos de que, en efecto,
la vista desde abajo también es preciosa.

Vamos a plantar cara al monstruo del armario
para decirle que lo peor ya ha pasado,
que puede salir de su escondrijo.
Nos vamos a despedir cada mañana
y vamos reencontrarnos cada noche.
Y, por si algún despistado se pierde,
le regalaremos las rutinas,
para que las rompa contra el suelo y se espabile
y entienda de qué va todo esto.

Va de hacer lo que queremos por una vez,
y de quedarnos con el lobo feroz, que nos ve, nos oye y nos entiende mejor.


        

No hay comentarios:

Publicar un comentario