miércoles, 22 de abril de 2015

Memorias de quien no supo tenerlo todo.

La joven de humo quiso dejar esto por escrito.


La joven de humo fue una vez un gran incendio, allá hace unos siglos, cuando ella y la vida era amigas y creía conocer el amor.

El loco astrónomo fue una vez estrella, allá hace unos años luz, cuando pensaba controlar el tiempo y creía conocer el amor.

Ninguno de los dos es lo que fue y sin embargo ambos en el presente son los mismo: una vaga sombra de su pasado.

Quién fue el primero en ver a quién no es importante. Ambos se conocieron paseando por el mundo, cuando ella fue capaz de verle bajo su luz cegadora y el consiguió encontrar el hogar entre sus llamas. Poco se sabe de lo que pasó después. Qué ocasionó esta relación. Tampoco es seguro que aquello se pudiera llamar amor o simplemente era una adicción más destructiva de lo normal. Él, en su ambición de querer controlar el tiempo, quiso también controlarlo todo, incluso a ella.
Ella, confiando en la vida, se dejó llevar sin pensar ni sospechar que pudiera traicionarla. 
Sus inseguridades, sus ambiciones, pasaron factura Se miraban, se deseaban, se querían y se tenían ganas, pero también se consumían. La sumisión placentera del principio, la tranquilidad de la primavera inocente fue arrasada por una ola de escarcha y polvo. 
Él dejó escapar el final de su historia y ella lo redujo a cenizas.

Se habrían dado la vida y allí, entre ruinas, solo se deseaban la muerte. Una revolución floreció en el pecho de ella, como una flor escarlata. Decidió dejarlo todo y marcharse.
Le dijo, adiós.
No intentes detenerme.
Esta vez, una palabra tuya no bastará para callarme.

Comprendió que habían estado condenados al fracaso desde un principio y que aún así, había valido la pena, y en el fondo, la alegría.
Por eso la joven de humo quiso dejar esto por escrito.
Por eso, aún sigue mirando al cielo de siglo en siglo, como si buscara una estrella. 

2 comentarios:

  1. Siempre me quedo con las ganas de seguir leyendo más....👏👏👏👏👏

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