miércoles, 31 de agosto de 2016

Carta a mi yo del futuro.

Esto puede que sea lo más personal que he escrito nunca y no sé por qué lo pongo aquí. Supongo que quiero tenerlo cerca y a mano. No sé si alguien más lo leerá o lo entenderá, pero lo dejo aquí y que sea lo que dios quiera.

Carta a mi yo del futuro.

No sé en qué momento leerás esto,
pero de alguna forma estoy segura
de que vale la pena escribirlo.
Te hablo desde finales de un verano
que ha sido de los mejores de tu vida.
Eres feliz.
Tenía que recordártelo.
Tienes a tu lado un puñado de gente
que se les hincha el pecho con tus victorias
y que están ahí para secarte las lágrimas
en las caídas.
Tienes 17 años.
Has sobrevivido todo esto gracias a ellos.
No los olvides,
porque te han llevado en volandas hasta la mujer
que eres hoy.

Tienes sueños,
y muchos se posan sobre las cinco letras
de un nombre que te acelera el corazón
cada vez que te besa los oídos.
Te rescata
cada vez que te mira a los ojos,
sonríe
y empiezan a temblar los cimientos
y todo se derrumba
y de pronto,
estás sepultada en algún tipo de cielo.
Con él.

Y es más de lo que muchos
aspirarían a desear.

Eres feliz,
y podrás serlo otra vez. Y otra.
Y otra.

Aunque te escribo desde el vértigo
del futuro incierto,
desde el temor,
la histeria
y sobre todo, las ganas,
sé que lo harás bien.
No puedo jurar que conseguirás
todo lo que te propongas.
Tampoco me importa.
Soy tú, y acabarás haciendo
que valga la pena.

Lo pasarás mal
querrás morirte
y huir.
Caerás de rodillas,
postrándote ante el dolor,
la desesperación
o la sensación de soledad.
Entonces te aconsejo que vuelvas a leer
aquel poema de Goytisolo
que tú y yo sabemos.
Para los días de nostalgia,
solo puedo recetarte a Cavafis,
Cinema Paradiso y una llamada telefónica.
Nunca está de más recordar a los tuyos que les quieres.

No te olvides de mí.
De los conciertos.
De todo lo que hemos escrito.
No dejes de hacerlo,
es la única manera de seguir en contacto.
No sé si aun recuerdas aquel poema
de Víctor Peña.
Aquel que empezaba citando
la famosa frase de Bart Simspon:
“tú antes molabas”.
Bueno, espero que no sea así.
Confío en que mantendrás tus ideales,
serás fiel a ti misma,
y no me decepcionarás.
No te veré morir.

No me preocupa que hagas temblar
o no
de rabia a aquellos que pensaron
que no lo conseguirías.
Solo quiero poder decir
“¿ves a esa de allí?
pues yo la conozco”
y llenarme de dignidad.
Solo quiero
que me recorra un tímido escalofrío
de orgullo cada vez que oiga tu nombre.
Y pensar: “ay, si tú supieras”

Que me va a tocar fingir  que no tengo un nudo en la garganta, ni ganas de llorar; que no he hecho mención a tres poetas diferentes sin quererlo, ni que la poesía ha vuelto a salvarme, a salvarnos otra vez. Que no estoy escuchando a José González y que no te voy a echar de menos, así que vete ya. No me olvides, no lo hagas, por favor. Nos vemos dentro de unos años, compañera.

Te quiero.

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