jueves, 13 de octubre de 2016

Nunca estaré a la altura de un maestro.
Tampoco lo intento.

Esta es mi particular versión de "Ella es, por eso estoy" de Carlos Salem. 

Amo es péndulo entre el hombre insensible que se miente al espejo
y el que se emociona
si le dices,
que tienes tiempo para él.
                             
Su geometría de líneas duras
dibuja el mapa de sal de mis ganas de guerra,
mi seísmos reprimidos,
y deja en evidencia a cualquier dios de mármol.

Él no sabe
que vale más que cualquier réplica falsa
de ganador de mil batallas,
que su risa amenaza mi poema
como una percusión de cañones,
que por verlo feliz me marcharía
y por hacerlo feliz permanezco.
Que bailo al son de sus pupilas,
cada vez que milagrosamente me miran.

Tiene en su clavícula, arañazos
de las noches entre barras, luces coloridas
y humo artificial,
en sus manos, una placentera rabia
fruto de cariño y pelea,
mantiene porte de boxeador, mira como un sabio
y ama como la vida.

Él podría acabar con todo,
solo con un parpadeo,
porque tiene balas entre las pesañas
y tormentos,
que le acunan y susurran apunta bien.
Y yo estaré cerca,
con una diana en la frente
y rezando
que no deje de mirarme.

A veces me asaltan dudas,
de si quizá debiera vacunarme y cortar por lo sano.
Pero luego recuerdo,
que es mejor morir de rabia,
a no sentir nunca nada:
enfermar por querer
a vivir atrapada en una coraza.

Él solo le tiene miedo al miedo, y hasta el
miedo lo amaría.

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