sábado, 4 de febrero de 2017

Tiró la toalla y dijo: "Bueno, lo he intentado". Se había roto una uña.
Por mi parte, tenía las manos ensangretadas y entumecidas, casi no las podía mover. Los dedos en carne viva y no me quedaban uñas. Casi me reí de él.
Se marchó minténdose, autoconvenciéndose de que lo había dado todo y lamiéndose "las heridas".
Y a mí, me dejó sangrando.

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