sábado, 5 de agosto de 2017

Viajes.

Bendigo la distancia de los viajes,
que me hacen ajena a las distracciones y problemas
que me aprisionan y encadenan.
Bendigo la obligación de empaquetar solo las cosas importantes,
esa prueba de auto superación impuesta y necesaria.

Cada vez que llegaba al aeropuerto,
(esa tierra de prisas, despedidas, bebidas caras y largas esperas)
me recordaba a mí misma,
como si fuera yo una doblez de mi propio ser,
que debía estar tranquila,
que solo había metido las cosas importantes.
Que no me iba a pasar del peso permitido,
que llevaba ropa, jabón, maquillaje, tú, champú, lentillas, tú, toalla…
Algo de comida.

Aún con todo, en el momento de facturación,
siempre me ponía nerviosa.
Me mordía la culpa, supongo,
porque sabía que había metido algo que no debía.
La comida, me decía.

Luego llegaba al hotel
abría la maleta encima de la cama
y efectivamente, me encontraba
con lo que ya sabía.
Joder, qué haces tú aquí, suspiraba exasperada,
mientras te veía entre la ropa interior.
Y me preguntaba de qué me servía alejarme
si no me ibas dejar volar tranquila.
No sabía cuál era la verdadera diferencia
entre huir y viajar.

A próposito,
una vez leí que hay personas que son el viaje
y otras, el destino.
Nadie habla de las que son el hogar
las que son como una ducha de agua caliente
donde sabes cómo funcionan los grifos.
Y no tienes que esconder nada,
y las sábanas no son de seda, pero huelen a ti.

Tampoco sé que tiene que ver esto con
lo que viene ahora, pero
a lo que voy es,
que de un tiempo a esta parte,
el “tú” acusador que usaba para gritarte
cuando te veía entre mis braguitas,
ahora está cargado de ternura.
Que ya no huyo,
porque ese “tú” es distinto, porque tú eres otro,
 y por eso,
ya no me preocupa ir con más peso de lo normal.
Los recuerdos ya no me queman los bolsillos,
ahora me hacen cosquillas,
y las palabras son las mismas,
pero los labios son distintos.
Y cuando abro la maleta ya no grito exasperada
que qué haces aquí.
Ahora me digo que menos mal que lo estás.

Porque me sabes a casa,
y por eso adoro viajar,
porque contigo me voy y parece que estoy volviendo.

Y la ropa sale volando,
y las cortinas ya no lloran ausencias.
Y me siento más libre, y fuerte,
y me sé capaz de parar el tráfico
con el ámbar de mis mejillas
porque de alguna manera estás aquí,
y todo me da igual,
incluidos los excesos de equipaje.

Cosas que nunca me dijiste

y que ni siquiera dan para un poema:

1ª Estoy orgulloso de ti y de lo que haces.
2ª Estoy orgulloso de estar contigo.
3ª Estoy orgulloso de nosotros.