viernes, 19 de diciembre de 2014

Incendio.


Quédate con París.
Quédate con nuestra cama,
con las noches de cambios de polaridad
con la franqueza de la que nunca hiciste gala.

Déjame el allí.
Déjame el antes,
los recuerdos de aquel cuándo,
el rincón donde hacíamos las paces.
Quiero que me lo guardes todo en una caja
y que me la des a primera hora de la mañana.

No pienses que quiero estos recuerdos para las tardes de domingo, eh.
Los quiero para quemarlos.
Para cerciorarme de que no estás.
Para creer que nunca has estado.
Para saberme libre.

Me he comprado unos zapatos nuevos
y preciosos.
Y no pienso malgastar sus suelas corriendo tras de ti.
Ya estoy cansada de hacerlo.

Además, 
tengo unas alas preciosas, que
contigo,
nunca pude usarlas.
Tengo unos ojos hechos para comerme el mundo
y una declaración de amor propio bajo el brazo

Así que ya ves.
Para mí ya eres pasado.
Y todo aquello que vivimos,
pronto se convertirá en cenizas.

(Pero eso será el lunes por la mañana,
porque esta tarde de domingo hace frío
y tu recuerdo, como el hielo,
también quema.)