sábado, 26 de diciembre de 2015

Cosas de Diciembre.

'Y da miedo pensarlo,
nunca de lo que ocurre ha estado nunca escrito.' 
—Luis García Montero.

Pensar que si no hubiera hablado aquella noche,
si no me hubiera quedado unas vidas más,
si no hubiéramos estado riendo de cosas pequeñas
para enmascarar las importantes

si de verdad hubiera dicho que te echaba de menos,
que estaba cansada de esperar a un tren
que más de una vez soñé con que me arrollara,
que había grabado las mismas iniciales en el vapor de la ventana
durante los últimos eones

que si durante aquella época no hubiera sido invierno
ni me hubiera fijado en tus pupilas
tan oscuras y profundas que parecían vacías
y que si yo, no hubiera estado buscado un hogar

que puede que nunca hubiera pasado lo que llegó a pasar,
que da miedo pensarlo,
nunca de lo que ocurre ha estado nunca escrito.

Y da un poco de vergüenza admitir,
que puede que todo llegue a estar conectado
e increíblemente todo haya sido necesario
para llegar al momento presente en que escribo
y que si el pasado hubiera sido alterado mínimamente
puede,
que yo me hubiera marchado antes del bar,
que no te hubiera reído los chistes,
que ya estuviera en ese dichoso tren,
riéndome de los tontos enamorados
que dibujan sus iniciales en las ventanas
pensando que lo harán inmortal y sin embargo,
solo durará hasta que otros pongan sus nombres sobre los suyos.

Que solo bajando el ritmo una canción de amor puede ser de desamor
y que de la misma manera,
todo se puede cambiar,
y todo podría haber sido completamente diferente.
Y puede que aquel invierno,
pudiera haber firmado una tregua conmigo misma
y haberme quedado a ver la nieve caer.

Y da miedo pensarlo.
Y da vergüenza admitirlo.

Y ojalá ocurra lo impensable
y se ponga a nevar.



lunes, 16 de noviembre de 2015

X

Querida X,
ya ningún alma baila como antes del último diluvio,
y ahora todos tenemos los ojos y la boca seca.
Por si fuera poco, tengo los bolsillos llenos de desastres,
la sonrisa congelada
y la nariz fría.

(No lo tomes como un reproche)

A pesar de todo, cuando vengas,
puedes interrumpir lo que esté haciendo,
puedes entrar como lo haces siempre,
como un seísmo cansado de estar oprimido, y arrasar con todo.
Puedes destruir todos los espejos y gritar hasta hacer que tiemblen los cimientos.
Qué tienen que hacer contra ti, que eres un pilar acostumbrado a sujetar el cielo.

Cuando vengas, ven sin preocupaciones de jaulas
que hace tiempo que dejé los nudos,
solo para mi garganta.
Olvídate de números y fechas,
ven con la mente vacía y la conciencia limpia
que ya tendremos tiempo de echarnos las culpas
para luego quejarnos de las arrugas de la frente.

X, cuando vengas, ven sabiendo
que a pesar de todo, te espero.
Ven cuando te entren las dudas,
y ven con más razón cuando te sobre seguridad,
porque entonces, más que nunca,
necesitarás la dosis de locura de algún contratiempo
que no conoce de compases.

Ven recordando que siempre nos sobrará la tristeza
pero nunca las ganas de sacarla a bailar.
Que sabemos que donde pudo haber una lágrima,
ahora hay un susurro de algo secreto que suena
a complicidad.
Que siempre escribimos en los márgenes prohibidos
de los cuadernos de primaria
y hoy, seguimos riendo a pesar de todo.

Vengas cuando vengas, ven sin preámbulos,
sin anacrusas,
sin índices
ni manual de instrucciones
que aún guardo el mapa de sal
de alguna de las mil y una noches,
y que sé que la X
marca el tesoro.

Que sí, que a pesar de todo.
A pesar de las trampas y las direcciones confundidas.
Sin bemoles ni notas discordantes.
Simple y honestamente, sí.

Reitero, pero esta vez más bajito: 
La X, marca el tesoro.  



viernes, 11 de septiembre de 2015

Autodestrucción.

'Y que con eso te baste para que te sobre el mundo’ Pablo Benavente.

Una vez me dijo,
‘el ser humano está abocado al desastre
porque ama autodestruirse.’
Y pensé que tenía razón
porque yo había tragado más veneno en palabras
que en frascos
y guardaba bajo llave el doble de desilusiones
que de sueños realizados.
Y una voz me decía
‘ya te acordarás para la siguiente ronda’
y así, aumentaba un rencor que había nacido mucho antes
de que me lanzaran por primera vez contra las cuerdas.

Pensé que tenía razón
porque había visto más puñaladas
que puñales
y tenía un inventario de bombas
que destruyeron más esperanzas
que vidas,
y no sé qué es peor.

Luego pensé que a mí de autodestrucción
no me tenía que decir nada
porque yo también la amaba
a cada golpe que me daba la vida.

Pero luego me dije,
que si bien había visto morirse al mundo
un par de veces
siempre volvía a resurgir de entre cenizas
incapaz de alejarse del todo por amor
o por cobardía.
Nunca lo supe muy bien.

Y yo, que había visto más guerras
entre cuatro paredes que en arenas,
que no sabía de batallas,
pero sí de treguas y naufragios entre sábanas,

Yo, que había visto imperios caer
pero también suicidarse desde lo alto de precipicios
soñando con que la salvación les esperaba al final
vestida de gala, oliendo a perfume,
respondiendo al eco de un nombre olvidado
y con los brazos abiertos.

Yo, que había leído versos
con más furia y cólera que cualquier grito,
que sabía de poetas que eran
más soldado que artista,
y que había calmado el hambre
con un buen libro,

Yo, que había leído tristezas
en ojos ajenos,
que luego decían sonriendo:
no dirán que no lo intentamos.
Ojos que se habrían dejado morir
por no ver muertos a otros
y que sin embargo les toca cargar con fantasmas
que guardan en las pupilas secas
de tanto llorar.

Yo, que había visto sordos
emocionarse ante el recuerdo de una melodía
lejana,
bailando para sí un ritmo,
que solo ellos conocen.

Yo, que había oído tangos
menos melancólicos
que los gritos de ciertos locos
enamorados del juego de faldas del pasado.
Locos, que sin llamarse Malena,
tenían penas de bandoneón.

Yo, que había visto a madres
amando a hijos perdidos
dando el pecho,
partiéndose la espalda
dejándose la uñas y los dientes,
aguantándose las lágrimas
mientras intentan ocultar bajo su abrazo
al niño que amaron
y que ahora, es poco más que un hombre.

Yo, que había visto monstruos
esconderse por miedo a una sociedad enfermiza
disfrazándose de mala suerte en lunes
para que le gente los evite,
durmiendo bajo la cama hasta que pasara la tormenta
pero que luego levantaban la cabeza cada vez que oían
la inocencia de la infancia,
y se volvían pequeñitos para poder caber en su risa.

Yo,
que soy tú cuando me lees,
que eres él y ella cuando llora
que es nosotros cuando reímos
al contaros a vosotros,
que cada vez que ellos gritan
que amamos la autodestrucción,
nosotros decimos muy bajito
que por lo menos amamos.
Y que con eso nos basta para que nos sobre el mundo.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Pasen y vean.

Bienvenidos,
a esta jungla de cables,
a este oasis de ruido,
a esta tierra de asfalto
donde levantaron
los mejores castillos
(de hormigón).

Bienvenidos,
 a este paraje sin ley
(de vida)
a esta cúpula gris,
a este cielo espeso
que solo llora de vez en cuando.

Bienvenidos,
al río oscuro
que desemboca en la basura,
a la pradera infinita
que es cementerio de tantos valientes
que nunca se quejaron, y hoy
andan sepultados bajo andamios.

Bienvenidos,
a la ciudad de la alegría,
al jardín de rascacielos,
al paraíso bucólico de poetas
que nunca estuvieron satisfechos.

Bienvenidos,
esperamos hayan venido bien
y nos alegramos que no se hayan perdido
 entre el humo, el ruido y las antenas.

¿Quieren la contaminación para llevar
 o para tomar aquí?

miércoles, 24 de junio de 2015

Lunáticos.


Me enamoré de alguien que bailaba sobre los tejados, saltando de edificio en edificio, recreándose en las azoteas, haciendo equilibrios en las cornisas. Era un animal de aquella jungla de cables, antenas y paneles, que se movía sin hacer ruido entre las sombras nocturnas, como una pantera civilizada.

Una persona así es difícil de olvidar.

Una persona que se considera  atleta de techos, que simplemente salta de un tejado a otro cuando muere el día y que al alba, descansa en una habitación con vistas al cielo. Yo a veces preguntaba que si tanto le gustaban los tejados, por qué no cubría la habitación aquella. Decía que no le gustaba llevarse el trabajo a casa. Que era profesional, muy profesional, y que nunca mezclaba el trabajo con lo personal. Luego añadía: qué más da un techo más que un techo menos. Si total, los voy a saltar todos. Lo decía con convicción, sabía que eso era lo que hacía, a lo que se dedicaba. Un trabajo como otro cualquiera e igual de necesario.

Una persona loca es difícil de olvidar. Sobre todo, cuando se considera cuerda. Te atrapan como la soga que se piensan que son, te rodean y tiran de ti. Algunos, se ponen la soga al cuello. Otros, simplemente la agarramos, y creemos que solo nos queda aguantar, que si soltamos nos hundiremos en un abismo.

Yo una vez solté aquella cuerda. No caí en ningún abismo, si no que salí de él. Ciertamente, querer a alguien demente, soñador o como prefieran llamarlo, es algo que no se olvida. En mi caso, no volví a subir a ningún tejado. Existe el riesgo de volver a las antiguas costumbres, de regresar al pasado y a personas pasadas.

Una persona del pasado siempre es difícil de olvidar.

Por eso, a veces, cuando alzo la mirada, me acuerdo un poco. Pienso que hay alguien por ahí arriba, mirándome con ojos de luna, brillantes por la fiebre de la utopía. Y me repito lo que me dijo un día.

Qué más dará un techo más, que un te echo de menos.

sábado, 6 de junio de 2015

Hablando claro como el cristal.

Vengo a dar las gracias
a quien se le ocurrió llamar "cristalino"
a esa pequeña lente
que tenemos en el ojo.
No pudo estar más acertado.

Y cada vez que te miro,
me reafirmo,
y pienso
en todo el universo
que se esconde tras tus cristales.
los mismos que se te empañan
cada vez que ves una película de Chaplin,
lees a Neruda
o escuchas las noticias.

¿Y no es verdad,
que los ojos son las ventanas del alma?
Sí, es verdad,
y la tuya te la supongo
brillante,
pura
e infinita,
como un pedazo de cielo
entre dos números consecutivos.

Te quejas por ser miope
y yo en silencio asiento,
y me río
y pienso
que no es un gran problema
porque nada querría estar lejos de ti.

Y me imagino
el sol bailando en tu ventana,
sacando reflejos a tus cristales
y entrando por tus pupilas.
Y la vida,
columpiándose por tus pestañas
y la pena,
lavándote el alma.

Ven,
limpia los cristales
y abre las ventanas
que la vida 
se muere por sucumbir
a tan bonita mirada.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Carta a la musa que araña.

A ti,
que te ríes
con un nudo en la garganta,
que piensas que la vida 
no está hecha a tus medidas,
que nunca has dejado de soñar
con los ojos bien abiertos.

A ti, 
que solo te quieres marchar
y sin embargo te encadenan
entre versos.
Que imaginas que lo mereces,
que cuando te miran te creces
y a oscuras te pierdes en la misma nada.

A ti,
que apenas conoces a la vida
y sin embargo ya te araña
y te congela los huesos
cada vez que nieva en tus escombros.

A ti,
que te retuerces las manos
te muerdes  la vida
y te tragas tristeza
en la misma jaula de los que te rimaron.
Siempre los mismo barrotes.

A ti,
que la libertad te oprime el pecho
y te quema la garganta,
que solo quieres huir
de ese alguien muerto de amor
que te atrapa,
recuerda:
puedes enseñar los dientes
y dejar de ser musa
y con las uñas,
sacar de paseo a la araña.

Que puedes,
cualquier viernes a las siete,
dejar de ser poema
para hacer poesía.

miércoles, 22 de abril de 2015

Memorias de quien no supo tenerlo todo.

La joven de humo quiso dejar esto por escrito.


La joven de humo fue una vez un gran incendio, allá hace unos siglos, cuando ella y la vida era amigas y creía conocer el amor.

El loco astrónomo fue una vez estrella, allá hace unos años luz, cuando pensaba controlar el tiempo y creía conocer el amor.

Ninguno de los dos es lo que fue y sin embargo ambos en el presente son los mismo: una vaga sombra de su pasado.

Quién fue el primero en ver a quién no es importante. Ambos se conocieron paseando por el mundo, cuando ella fue capaz de verle bajo su luz cegadora y el consiguió encontrar el hogar entre sus llamas. Poco se sabe de lo que pasó después. Qué ocasionó esta relación. Tampoco es seguro que aquello se pudiera llamar amor o simplemente era una adicción más destructiva de lo normal. Él, en su ambición de querer controlar el tiempo, quiso también controlarlo todo, incluso a ella.
Ella, confiando en la vida, se dejó llevar sin pensar ni sospechar que pudiera traicionarla. 
Sus inseguridades, sus ambiciones, pasaron factura Se miraban, se deseaban, se querían y se tenían ganas, pero también se consumían. La sumisión placentera del principio, la tranquilidad de la primavera inocente fue arrasada por una ola de escarcha y polvo. 
Él dejó escapar el final de su historia y ella lo redujo a cenizas.

Se habrían dado la vida y allí, entre ruinas, solo se deseaban la muerte. Una revolución floreció en el pecho de ella, como una flor escarlata. Decidió dejarlo todo y marcharse.
Le dijo, adiós.
No intentes detenerme.
Esta vez, una palabra tuya no bastará para callarme.

Comprendió que habían estado condenados al fracaso desde un principio y que aún así, había valido la pena, y en el fondo, la alegría.
Por eso la joven de humo quiso dejar esto por escrito.
Por eso, aún sigue mirando al cielo de siglo en siglo, como si buscara una estrella. 

jueves, 9 de abril de 2015


Ella las esconde,
con vergüenza,
pensando así que quizá pasarán desapercibidas.
Ella las esconde,
esconde sus ganas,
las traspapela, las ignora,
las riñe por aparecer de improviso
por llegar sin ser llamadas.

Y sus ganas,
las ganas de llorar,
la abrazan y le susurran al oído
que están  ahí para quedarse,
que hacía tiempo que no llovía en sus pupilas,
que solo la sal curará sus heridas
y que todo esta abocado al desastre.

La dicen, tranquila niña,
que romperte ahora no significa
romperte para siempre,
que tienes el corazón cargado
y ningún blanco al que disparar.
Por eso estamos aquí,
para apagar el incendio que te quema las mejillas,
para llevarnos el frío de tus huesos
y fundir el invierno que te hace temblar de rabia.

Sus ganas de llorar quieren que ella confíe,
que se deja llevar
y ella no se fía
ella no se rinde
y por eso alza la vista y cierra los puños
y por eso suspira y calla
y en cada exhalación intenta poner su vida
para conseguir morirse un poco.

Cualquier cosa menos llorar, se dice.

Y por eso intenta esconder,
intenta luchar,
intenta tragarse sus ganas
sabiendo, en el fondo

que ellas ganarán.


martes, 17 de marzo de 2015

Si hablamos de morir.

"To die by your side is such a heavenly way to die" The Smiths

Me dan miedo muchas cosas.
En primer lugar, la muerte. 

Pero, además, 
temo perderme en algún lugar
durante demasiado tiempo
sola y en silencio.

Tengo miedo a que un día
ni el eco me responda,
a quedarme sin voz,
a perderlo
todo,
a olvidarme de las cosas
más importantes en mi vida.

Tengo miedo a quemar fotos
y libros
a romper poemas.

Y si hablamos de morir,
no me gustaría terminar ahogada
sintiendo cómo me abraza la muerte
y cómo se me van mis fuerzas.

Pero, mi vida,
en silencio,
perdida en tu inmensidad,
olvidando hasta mi nombre
deslizando poemas en tu nuca para que nunca los recuerdes,
queriéndote entre párrafos de novelas polvorientas,
así, muerta de miedo
y a la vez decidida a quererte,
así, ahogándome en ti, en tus ojos,
en tu pelo,

así, de esta forma,
no me importaría dejarme morir.

Porque, mi vida,
morir a tu lado es una manera celestial de morir.



domingo, 15 de marzo de 2015

El Mañana.

"Summer don't know me. He just let me love in my sea." Gorillaz.


Te he visto burlar sombras y atrapar el sol con elegancia de bailarina. Te he visto guardar veranos entre tu pelo y renacer al caer la noche. Te he visto volar entre escombros y posarte en la cima de la destrucción, de las cenizas, ajena a todo.
Estabas acostumbrada a amar la vida, a mimarte entre amaneceres, a quererte despeinada con las pupilas llenas de reflejos. Plantarte frente al océano y desafiarle, a ver quién era más inmenso.

Ahora, sin embargo, solo te sientes pequeña. Alguien ha bombardeado tu felicidad y ya has dejado de burlar sombras. Has empezado a dormir por las noches, como si fueras normal, y te dejas morir en primavera, entre pétalos escarchados.  Han robado tus reflejos y ahora, tus pupilas dilatadas solo transmiten oscuridad. Te vas deshaciendo poco a poco, deshojándote, quemándote en el hielo abrasador propio de tu invierno particular. Hace tiempo que ya no sabes de tus veranos.

Solo quiero decirte, que por si acaso, no tires las alas. Quizá vuelva a haber un momento en el que puedas morirte, pero esta vez de amor por la vida, como antes.
Y por fin te bañes en tu océano y te des cuenta que ni tú ni él sois tan inmensos como cuando permitís fundiros, despojándote de todo lo que te hace hundirte.

Y vuelvas a quererte despeinada,
con ese brillo de sol en los ojos
y con el sabor a sal
en la boca.


miércoles, 18 de febrero de 2015

La oveja descarriada.

Nosotros somos
la oveja que mordió la mano que le dio de comer,
el cordero que se disfrazó con piel de lobo y luego le aulló a la luna nueva
el borrego que conoció la sonrisa de la tristeza.

Somos
el león que prefirió encerrarse y correr en un redil
la hiena que nunca encontró la gracia a este chiste que es la vida
el zorro que cargó con demasiadas preguntas sin respuesta
y, en resumen, una hambrienta jauría.

Fuimos y somos, todo eso,
y ahora,
que en tu insomnio intentas contar ovejas,
venimos a decirte que
o nos cuentas a todos
o te despiertas y te unes,
para gritar que hemos llegado para quedarnos,
que estamos cansados de que nos enumeren
y que por supuesto,
no 
nos 
queremos
dormir.

sábado, 31 de enero de 2015

"Perdona, te he visto mirando por la ventana, queriéndote morir. Y me preguntaba, si tal vez, quisieras hacer por mí o conmigo." Irene X.


A veces te gustaría fumar para matar toda la rabia que llevas dentro. Te preguntas hasta cuándo va durar esta guerra de tú contra el mundo, hasta cuándo vas a tener que seguir tirando de ti, de él, de todos. Te gustaría saber cuántos de verdad estarían dispuestos a seguirte si te fueras. 

Solo quieres escuchar a alguien preguntar: "¿estás bien?" para poder mirar a ese alguien y decirle que ahora sí, que ya te has dado cuenta de que algunas personas están destinadas a cargar con el peso del mundo sobre sus hombros. Que es normal tener ganas de vez en cuando, aunque sean de llorar. Que es cierto que asusta ver la escarcha invernal entre tus pestañas y saber que podrías dejar el carro del que llevas tirando toda la vida para poder descansar en el caos. 

Y claro, te he visto así, mirando por la ventana, queriéndote morir, y me preguntaba si tal vez quisieras hacerlo por mí o conmigo.


jueves, 29 de enero de 2015

Kiss the rain.

Por si te lo preguntabas, aquí sigue lloviendo. Hace tiempo que dejamos de esperar el día en que cesara esta guerra húmeda porque ya nos hemos adaptado a su metralla y hemos aprendido a quererla.

Algunos de aquí se mueven acompasados a esa cadencia rítmica y los que aún no lo hacemos es porque no hemos olvidado cómo era antes de este diluvio.

No sabemos a dónde va a parar esta lluvia, porque no hay inundaciones. Hay quienes piensan que no es agua normal, si no lágrimas huérfanas que se evaporan al tocar el suelo. Eso explicaría porque las gotas son saladas, como el mar. Pero hay muchas más teorías absurdas al respecto. Y la mía es que este país — o yo, quién sabe — no se acostumbra a tu ausencia.

Llueve desde el día en que te diste cuenta que tenías el corazón en otro lado, cuando aún negabas la existencia de otro hogar lejos de aquí.
Llueve desde el día en que te hiciste la maleta sin pensarlo siquiera, solo por averiguar que serías capaz de dejar en tierra antes de partir.
Llueve y seguirá lloviendo durante mucho tiempo, pero no te preocupes.
Hace diluvios que aprendimos a no mojarnos. 

jueves, 15 de enero de 2015

Weapons.

   Tiene ganas de revolución. Huele la rabia en el aire y sus oídos están preparados para el ruido. Nota el calor de un incendio arder por sus venas.

   Tiene ganas de pelea y los nervios a flor de piel. Agazapado y en tensión, contiene la respiración. Está esperando el momento propicio.
   Unas palabras luchan por salir de sus labios. Quiere hacerse oír, pero sin embargo, va a guardar silencio.
  Empuña su arma bien afilada y la alza un momento al cielo, estudiando su próximo movimiento. Parece vibrar entre sus manos, sedienta de arrasar allá por donde pase.

                                                                                                                   Luego, la desliza por el papel.

martes, 6 de enero de 2015

Vamos a dejar de añorar cosas, de tener remordimientos y de autocompadecernos.
Vamos a pensar menos y sentir más.
Vamos a ser fechas y no días.
Ser más el disfrute de la nota, que la tensión de la cuerda.
Aguantar menos y quejarnos más.

Vamos a perder lo que nunca vamos a querer encontrar.
A sonreír más y fingir menos.
Vamos a gritar por cada silencio forzado.
Vamos a quedarnos con el lobo, que nos ve, nos oye (y nos entiende) mejor.
Porque vamos a ser animales.

Vamos a huir a junglas y bosques y no dejaremos huellas. 
Vamos a cantar, a reír y a llorar por cada recuerdo.
Bailaremos como el agua entre los dedos 
marcando nuestro propio ritmo 
y no ninguno impuesto.

Vamos a correr y a volar,
y dejaremos a Newton en tierra,
con el resto de preocupaciones.
Vamos a vestirnos de tristeza solo para reírnos de ella,
vamos a robar al tiempo la vida que nos falta
y vamos a ponernos delante del destino
y vamos a decirle, que no tiene nada qué hacer.
Que hace tiempo que no cumplimos normas
y que nos importa un carajo lo que tenga planeado para nosotros.

Vamos a deshojar la nostalgia pétalo a pétalo
siempre con la certeza de que me quiero.
Escalaremos montañas solo por la vista 
y nos dejaremos caer en el vacío
para cerciorarnos de que, en efecto,
la vista desde abajo también es preciosa.

Vamos a plantar cara al monstruo del armario
para decirle que lo peor ya ha pasado,
que puede salir de su escondrijo.
Nos vamos a despedir cada mañana
y vamos reencontrarnos cada noche.
Y, por si algún despistado se pierde,
le regalaremos las rutinas,
para que las rompa contra el suelo y se espabile
y entienda de qué va todo esto.

Va de hacer lo que queremos por una vez,
y de quedarnos con el lobo feroz, que nos ve, nos oye y nos entiende mejor.